No hace mucho todavía que nos congratulábamos con el trabajo de Pedro P. Herrero Roldán, Cultura y lengua latinas entre los mozárabes del siglo IX. Hoy tenemos que hacerlo con esta profundísima obra de González Muñoz. Herrero Roldán extendía su estudio a todos los escritores mozárabes del siglo IX, pero no abarcaba ni todas las obras ni una de ellas en su totalidad. González Muñoz se entretiene en un solo autor, pero contempla todas y cada una de sus obras. En sus Preliminares nos da la razón de su elección: en su estudio de la latinidad mozárabe elige a Álbaro de Córdoba porque “fue la principal figura intelectual de su tiempo, reconocido por sus propios compañeros como autoridad indiscutible en materia, cuando no doctrinal, sí siempre al menos estilística”. Si es así, como lo es; si Álvaro es el “prototipo” del escritor mozárabe, un estudio sobre sus obras es un estudio sobre el latín del mejor mozárabe.
Tras los preliminares, en que enuncia el triple objetivo que persigue (“descripción y clasificación de particularidades lingüísticas, valoración de las mismas en el contexto de la Bética del siglo IX, crítica textual fundamentada en un análisis interno de los textos de orden sobre todo gramatical”), divide el autor su obra en cinco partes. En la primera, “Lengua y cultura literaria en la Córdoba del siglo IX”, y en distintos apartados, nos describe “las tres culturas bien diferenciadas”, la islámica, de la que poca huella se encuentra en los escritos de Álbaro, la hebrea y la cristiana, que perviven en la Bética; nos hace ver cómo existe ya una “ruptura entre el latín literario y la lengua hablada”, entre “sujetos cultos latinófonos”, que cultivan “un estilo complejo... que garantice el prestigio y la calidad estética de su producción literaria” y “oyentes no instruidos”, “hablantes de una lengua ya romance”, incapaces de entender el latín hablado: de ahí que, tanto Álvaro como los restantes escritores, se dirijan a un público selectivo de lectores; nos demuestra “el prestigio de la disciplina gramatical” y nos instruye sobre las “Bibliotecas y la circulación de libros”, indicándonos cuáles eran los autores (paganos, cristianos antiguos, visigodos, insulares y carolingios) más leídos en la época que estudia. El último apartado, “Redescubrimiento de la poesía métrica” es una amplia síntesis de la preciosa comunicación que presentó al I Congreso Nacional de Cultura Mozárabe, Córdoba 1995. Tema que parece preocupar de forma especial al autor así como el de la prosa rimada, hasta el punto de hacernos observar, por ejemplo, cómo rasgo significativo del latín que estudia “la prevalencia de los efectos de similicadencia sobre las exigencias de la gramaticalidad”.
Las restantes partes, “Aspectos gráficos y fonéticos”, dividida en los dos tradicionales apartados de vocalismo y consonantismo; “Morfología”, subdividida asimismo en nominal y verbal; “Sintaxis” y “Aspectos léxicos y semánticos”, presentan un mismo esquema: unos preliminares, que introducen la cuestión, un cuerpo doctrinal y unas conclusiones. En el cuerpo doctrinal sigue minuciosamente todos y cada uno de los capítulos que en obras semejantes podamos encontrar, si bien, antes de estudiar los datos, nos expone la teoría al respecto, la situación del fenómeno en el latín tardío y vulgar y las diversas opiniones que para el latín hispánico han mantenido los entendidos en cada punto. La lectura de cada entrada se hace así más comprensiva y agradable, sin que resulte una árida y monótona exposición de los datos encontrados en el latín de Álbaro. González Muñoz reconoce que sigue el texto de J. Gil en Corpus scriptorum Muzarabicorum, Madrid 1973. Pero es de admirar la crítica constructiva, a la que lo somete. No es ni mucho menos infrecuente, sino todo lo contrario, que, al examinar un dato fonético, morfológico, sintáctico o, sobre todo, léxico y semántico, una vez dado el texto de Gil, incluso con las variantes que tan prestigioso investigador postula, proponga a su vez y explique nuestro autor su propia lectura.
Tanto es así que ha enriquecido su obra con un pequeño, sólo en extensión, apéndice, “Algunas notas críticas al texto de Álbaro”, de muy sugestivo contenido. Este pequeño apéndice, junto con los “Desplazamientos semánticos” que estudia dentro de los aspectos léxicos y semánticos, nos aclara muchos conceptos y significados del latín mozárabe, y nos ayuda a comprender y asimilar otra obra de y sobre latín mozárabe: la de Feliciano Delgado León, Alvaro de Córdoba y la polémica sobre el Islam. El Indiculus luminosus, Córdoba 1996, que también utilizó el Corpus de J. Gil. Estupendo estudio el de González Muñoz, que goza, por otra parte, de una unidad sin fisuras, como, y sirva de ejemplo, la que detectamos al estudiar la discordancia entre el relativo y su antecedente, p. 132, y el ejemplo concreto de caput, quam en la p. 128 en el epígrafe “neutros tomados como femeninos”. O, y es otro ejemplo, la conclusión que obtiene del estudio de los tres casos de neutros tomados como masculinos, solacius, eloquius, officius, y que expone en la p. 93, caso concreto dentro de la morfología, y la conclusión, p. 194, de la sintaxis, cuando nos expone su pensamiento sobre la similicadencia ya expuesto anteriormente.
Completan la obra unas “Conclusiones”, que recogen en cuatro páginas toda la doctrina que hemos venido recibiendo; una extensa bibliografía, muy bien dividida en principales fuentes, diccionarios e instrumentos lexicográficos, estudios y, finalmente, unos índices, que contienen los vocablos que se encuentran en la parte dedicada a la fonética, a la morfología, a la sintaxis y a los aspectos léxicos y semánticos.
Magnífico, en resumen, trabajo el de González Muñoz, del que todos los latinistas y muy especialmente los que se dedican al latín medieval debemos congratularnos.
Luis Charlo Brea
Universidad de Cádiz
BOLETÍN Nº 11, diciembre 1998