Universidad de Valladolid
1997
Array
Sale a la luz una nueva monografía dedicada al humanismo médico, fruto del equipo de investigación que dirige el Dr. Enrique Montero Cartelle en la Universidad de Valladolid. Más en concreto, tras este trabajo se encuentra la Tesis Doctoral de la autora, que mereció el primer premio de la SELat.
Desde una perspectiva filológica se pretende demostrar cómo se refleja el movimiento humanista en las ciencias y más en concreto en la medicina del siglo XVI en la Universidad de Salamanca. La filología es, en estos momentos, un instrumento científico que permite a los médicos volver al saber de los clásicos grecolatinos después de la larga y oscura (a juicio de los hombres de la época) Edad Media. Estas fuentes serán las bases sobre las que edifiquen sus propios conocimientos, aunque esta influencia no se dejará sentir únicamente desde el punto de vista doctrinal, sino que afectará también al dominio de lo formal.
Surge así la figura del filólogo-médico, que se preocupa por recuperar la forma original de los textos de su especialidad participando de esta manera en el movimiento humanista. Hasta qué punto o de qué forma esto fue así para el momento y lugar señalado es el objetivo de este trabajo.
La autora parte de lo general a lo específico, cuyo núcleo y base lo constituye el análisis filológico de los textos escritos por los autores salmantinos. Para ello comienza con unos capítulos generales (los cuatro primeros), que nos sitúan en el contexto apropiado, para ir concretando y acercándose al objetivo final.
La obra se abre con estos dos capítulos: I. RENACIMENTO Y HUMANISMO(S) y II. HUMANISMO MÉDICO, donde se tratan brevemente y a modo de marco conceptos tan polémicos y tan difíciles de definir como los de Renacimiento y Humanismo (o Humanismos, como señala Pérez Ibáñez).
Los dos siguientes, aún introductorios, llevan por título: III. MEDICINA ESPAÑOLA RENACENTISTA y IV. LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA. En el primero de ellos se exponen las características propias de la medicina española "desde comienzos del Reinado de los Reyes Católicos (1479) a la muerte de Felipe II (1598)" (p. 25), que es el período considerado renacentista de la Medicina española, articulándolo en tres partes: "Reflexiones sobre la situación contemporánea", donde se recoge la opinión que los médicos titulados en Salamanca tenían sobre su profesión y sobre la práctica de ésta. En el siguiente apartado ("El médico ideal") se expondrán los requisitos que ha de poseer un buen médico, entre los que se incluye el conocimiento de lenguas clásicas, sobre todo de la lengua latina. Se cierra el capítulo con "Centros de la formación médica" enumerando las Universidades donde podían cursarse estudios médicos dentro de los territorios de las Coronas de Castilla y Aragón.
Bajo el epígrafe de IV. LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA tenemos un recorrido sobre los aspectos más importantes de este centro universitario en la época, incidiendo en aquellos más interesantes desde el punto de vista científico-médico (contenidos de las enseñanzas, estudiantes, etc.) y donde no faltan detalles curiosos, como el de la página 45 al hablar de la obtención del grado de doctor: "Los doctoramientos de juristas y médicos debían finalizar con una corrida de toros".
A continuación (V. REPRESENTANTES DE LA MEDICINA SALMANTINA) nos encontramos las figuras más destacadas del Humanismo médico en Salamanca. Como advierte la autora (p. 49), no hallaremos una figura o grupo de ellas que sobresalgan como ocurre en Alcalá con Vega, Vallés o Mena y en Valladolid con Luis Mercado, sino que son muchas las personas que de una manera u otra participan del Humanismo. De ahí que primero nos encontremos con una serie de maestros de notable influencia pero sin producción editorial como Lorenzo Alderete, Cosme de Medina y Ambrosio Núñez (que son los que aparecen reseñados en la obra dentro de este grupo), para pasar después a los autores cuya obra ha sido estudiada, tanto aquellos que ejercieron la docencia como los que no lo hicieron pero dejaron una fuerte impronta en el ambiente salmantino. Entre los primeros tenemos a Andrés Alcázar, Juan Bravo de Piedrahita, Enrique Jorge Enríquez, Luis de Lemos, Tomás Rodrigues da Veiga y Agustín Vázquez. Entre los no docentes se encuentran Amato Lusitano, Benedicto Bustamante de Paz, García López, Francisco López de Villalobos y Gómez Pereira. En todos ellos se recogen datos biográficos, formación y trayectoria profesional, tendencias e inquietudes y su producción tanto científica como literaria. Se cierra el capítulo con la alusión breve de otros médicos que pasaron por dicha Universidad.
El siguiente capítulo aborda los géneros literarios. Así, después de una introducción donde se exponen los antecedentes medievales de los géneros de la literatura científica renacentista, se realiza un estudio de la literatura médica en la Universidad de Salamanca, dentro de la cual ocupa un lugar preeminente debido a su carácter didáctico, el comentario de las obras de las autoridades entre las que destacan con gran diferencia Hipócrates y Galeno. Si bien hay que hacer notar (y esta es una cuestión en la que se insiste a lo largo del estudio) que el Humanismo salmantino, a diferencia del de Alcalá, no ejecuta antes del comentario las labores de crítica textual en vistas a la fijación del texto original, corrompido después de siglos de transmisión, sino que estos médicos realizan su labor de comentaristas sobre las versiones y traducciones de otros autores tanto españoles como extranjeros.
En el tema de las fuentes profundiza el capítulo séptimo: VII. EL USO DE LAS FUENTES. En contraposición con el Medievo, en este momento se señala la procedencia de las citas, tanto aquellas de tipo científico como las literarias y filosóficas, fruto del paso por la Facultad de Artes. Por ello en esta parte se realiza un estudio de aquellas más influyentes y el modo en que se plasman en los médicos estudiados.
Podemos considerar la siguiente parte (VIII. EN TORNO A LA LENGUA DE LOS MÉDICOS SALMANTINOS) como la piedra angular de todo el libro, al tratarse éste de un estudio eminentemente filológico y ceñido a la producción científica impresa de los autores. Sin duda la extensión que ocupa (pp. 129-209) con respecto al resto de los capítulos refleja su importancia. Tras una serie de consideraciones generales sobre el latín como lengua vehículo de expresión científica, se pasa al latín de los autores salmantinos estructurando el análisis en fonética (o mejor dicho, aspectos gráfico-fonéticos), morfología y sintaxis y estilo. Es este último aspecto (sintaxis y estilo) el más amplio y donde se pasa revista a todos los autores antes citados entre los docentes y no docentes con las características de cada uno, tanto las observadas por Pérez Ibáñez como las declaradas explícitamente por ellos mismos en sus obras.
Se incluye también un estudio de la existencia de la oratio numerosa según el método estadístico aplicado por H. Aili, si bien parece ser que este tipo de ornato no fue muy utilizado entre los médicos salmantinos.
El capítulo dedicado a la lengua finaliza con un análisis del léxico empleado en los textos, recogiendo las tendencias y características más importantes en este sentido e introduciendo un caso concreto a propósito de la denominación de hidropesía y sus variedades.
Sólo nos faltan por comentar dos breves capítulos: IX. CONSIDERACIONES FINALES y X. BIBLIOGRAFÍA. En el primero de ellos tenemos las principales conclusiones de la obra según los distintos aspectos tratados y en el otro se clasifica minuciosamente la bibliografía de forma temática.
El resultado es un libro denso y provisto de abundantes notas, fruto de un pormenorizado estudio de los textos (siempre presentes a través de las numerosas citas). Éstos constituyen la base para indagar en la dependencia con respecto al pasado medieval y la aceptación de las nuevas ideas renacentistas y determinar de esta forma la naturaleza y rasgos propios del Humanismo médico salmantino en el siglo XVI. Características que hacen de este libro una obra interesante y jugosa, tanto para filólogos como para los historiadores de este período histórico, de la medicina y de la ciencia en general.
Alberto Alonso Guardo
Universidad de Valladolid
BOLETÍN Nº 11, diciembre 1998