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Published on Sociedad de Estudios Latinos - SELat (http://selat.org)

PLINIO EL VIEJO, Historia natural. Libros III-VI

Authors:

A. M. Moure Casas (coord.), A. Fontán (trad.), I. García Arribas (trad.), F. del Barrio Sanz (trad.), M. L. Arribas Hernáez (trad.)

Publisher:

Biblioteca Clásica Gredos

Páginas:

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Synopsis:

Aparece ahora, con el número 250 de la Biblioteca Clásica Gredos, el segundo volumen de la Historia natural de Plinio, cuyo primer volu¬men, que incluía la magnífica introducción a cargo del profesor Serbat y los libros I (de índices) y II, vio la luz hace ya tres años.

Review:

Un poco larga se nos ha hecho la espera, teniendo en cuenta que, hasta que apareció el primer volumen, no había traducción castellana completa de esta magna obra de la Antigüedad desde la de Jerónimo de la Huerta en el siglo XVI. Teníamos traducciones parciales modernas, como la llevada a cabo por García y Bellido en 1947 de los pasajes geográficos referidos a Hispania, junto a otros de Pomponio Mela, o la de Virgilio Bejarano en la colección de las Fontes Hispaniae antiquae de Schulten (fasc. VII, Barcelona, 1987), que el profesor Fontán dice haber tenido en cuenta para las notas y comentarios (p. 7). Por otra parte, se han traducido algunos fragmentos sobre arte (E. Torrego, 1988) y el Lapidario (A, Domínguez García e H. B. Riesco, 1993). A la vista de este segundo volumen, la espera ha merecido la pena. Las expectativas que creó la aparición del primer volumen, se ven ahora satisfechas con creces con la aparición de este segundo, que constituye, a su vez, una promesa de lo que vendrá. Se va confirmando así nuestra esperanza de llegar a contar en un tiempo no muy lejano con una traducción castellana moderna y completa de la His¬toria natural. Y no es sólo el hecho de que se vaya llenando este vacío editorial lo que nos alegra, sino también, y muy especialmente, la calidad del trabajo, por otra parte característica de la Biblioteca Clásica Gredos. Hay que destacar en este sentido la magnífica traducción llevada a cabo por A. Fontán, I. García Arribas, E. del Barrio Sanz y M. L. Arribas Hernáez, traductores cada uno de un libro de los recogidos en este volumen.

Este segundo volumen incluye los libros geográficos (III-VI), que, según cuenta el profesor Serbat en la introducción general (pp. 7-199 del volumen I), plantean dificultades en cuanto a la fijación del texto y al comentario. Estas dificul¬tades han impedido que la Historia natural de la colección Budé, una de las mejores ediciones modernas de Plinio, esté completa. Esta agrupación de libros intenta responder al plan de conjunto que, con mayor o menor defini¬ción, parece existir en la obra de Plinio (véase vol. I, p. 67). Con respecto a otras ediciones modernas, el profesor Serbat hace un repaso de ellas en la in¬troducción general (vol. I, pp.53-58). En cuanto a la edición del texto latino elegida por los traductores, es la de Mayhoff de la Bibliotheca Teubneriana, salvo excepciones que se especifican en su momento, como es el caso de algunos pasajes incluidos en los parágrafos 1 a 46 del libro V, para los que el traductor sigue la edición de J. Desanges (París, 1980).

En estos cuatro libros llamados geográficos tienen cabida los mirabilia y las alusiones a personajes más o menos conocidos y relacionados de alguna ma¬nera con los lugares que se describen, si bien la característica general de ellos es la relación prolija de una serie de pueblos, lugares, montes y ríos por los que va atravesando el autor en su recorrido geográfico por el mundo conocido entonces. Esta enumeración, muchas veces monótona, hace de estos libros más una obra de consulta que de lectura. Esta monotonía se salva con la inclusión de algunos excursos de tipo mitológico, histórico o etnográfico. El autor pro¬cura establecer a veces las exten¬siones de los territorios o determinar aproxi¬madamente la población de una zona. También se detiene en ocasio¬nes en la situación política o ad¬ministrativa de un país y en sus relaciones con Roma o con los pueblos que lo rodean.

Sin hacer una relación enojosa de todos y cada uno de los lugares que cita el autor, sí quiero recordar al lector, al menos de forma somera, en qué consiste el recorrido geográfico que lleva a cabo Plinio en estos libros.

Los dos primeros recorren aproximadamente la Europa actual partiendo de las costas mediterráneas de la Península Ibérica. Es especialmente significativa la impor¬tancia dada a la descripción de la Península Itálica en el libro III, del que ocupa gran parte (caps. 5-19). En estos capítulos el autor refleja la grandeza de Roma, sin escatimar elogios a su tierra, de la que destaca muchos aspectos. Entre otras razones es por esto por lo que se ha hablado de italocentrismo en la obra de Plinio. Se detiene bastante en la descripción de algunos lugares de Roma y en el relato de acontecimientos que tuvieron lugar en la ciudad, así como en los relatos legendarios que tienen que ver con el origen de los pueblos de la zona. Describe y elogia también el Po, un símbolo nacional para Plinio.

El libro IV empieza su recorrido por Grecia. Se incluyen aquí referencias míticas. Luego se adentra hacia el este hasta la laguna Meótide (hoy mar de Azov). Llegado a este punto da algunas dis¬tancias, citando algunas de sus fuentes de información como Polibio, Varrón o Nepote, entre otros. Se adentra ligeramente hacia el norte y retrocede a par¬tir de aquí hacia el este pasando por el norte de Europa (Escandinavia, Ger¬mania, Islas Británicas, la Galia), para acabar en la Lusitania después de recorrer la costa cantábrica hispana.

En los libros V y VI el autor se propone hablar de África y Asia. Parte de Marruecos y recorre el norte de África. Sus explicaciones en muchos casos se basan en fuentes que el autor no precisa y que tienen bastante carga legendaria. En su camino hacia Egipto, Plinio cita una serie de pueblos extraños y fantásticos, como los blemias, que son descritos como seres sin cabeza y con la boca y los ojos en el pecho; o los himantópodas, una especie de cojos que reptan. Algunos de estos personajes monstruosos aparecerán luego en textos medievales y renacentistas y en emblemas y grabados, especialmente los blemias o "acéfalos", que, según los autores renacentistas, se encuentran no sólo en África, sino en Asia y, después del descubrimiento del Nuevo Mundo, también en América, según nos cuenta J. J. García Arranz en su trabajo "Monstruos y mitos clásicos en las primeras crónicas e imágenes europeas de América: los acéfalos" (Humanismo y pervivencia del mundo clásico. Homenaje al profesor Luis Gil, Cádiz, 1997). Ya en Egipto, describe con cierto detalle el Nilo, su cauce, sus crecidas, las causas de éstas, las regiones y pueblos que riega y los cultivos a que da lugar. Concluye el libro con el recorrido por Oriente Medio y Asia Menor, hasta llegar al Bósforo.

El resto de Asia es descrito en el libro VI, que acaba en las islas Canarias, tras regresar a África a través del Mar Rojo. Es interesante aquí observar cómo para Plinio, igual que para Pomponio Mela, el océano Escítico, ro¬dea el continente por el norte y se introduce hacia el sur formando el mar Caspio, que es considerado así como un golfo. Se describen aquí los escitas y los hiperbóreos, habitantes de las regiones más septentrionales, los seres (los chinos) y los indios. Comenta entonces algunos datos aportados por los acompañantes de Alejandro Magno que le sirven como fuente. Por su visión de futuro, destaca la referencia a los proyectos que hubo para construir un canal que uniera el Nilo con el mar Rojo a través del golfo de Suez (165). Según la concepción del mundo de entonces el continente africano limitaba por el sur con el océano etiópico y este empezaba a la altura del cuerno de África. Por esta costa imaginaria llega hasta el Atlántico y se refiere entonces a la Atlántida, a las Hespérides y a las islas Canarias. El final del libro y del bloque lo constitu¬yen dos capítulos a modo de colofón que tratan de la extensión de la superficie de las aguas, la comparación de las partes de la tierra según su extensión y de la clasificación de las tierras según los pa¬ralelos y la igualdad de sombras.

Cierran este volumen tres índices imprescindibles: uno de personas y dioses; otro de constelaciones, meteoros y otros tecnicismos geográficos; y un tercero de topónimos y étnicos. Además de prestar una incalculable ayuda al lec¬tor, contribuyen al propósito manifestado por el propio Plinio en el prefacio: facilitar que la obra pueda ser consultada por el lector, según su interés, y que pueda encontrar aquello que busca sin necesidad de leerla entera ("quid singulis contineretur libris huic epistulae subiunxi, summaque cura ne legendos eos haberes operam dedi.", Praef. 33).

Como material de apoyo a la lectura se incluyen también unos mapas, bastante detallados y utilísimos para el lector, que en todo momento puede situar los pueblos, los ríos o las ciudades que cita Plinio. Los primeros son los de Hispania (1) e Italia (2). Le siguen: Asia Menor (3); la Galia (4); las Mauritanias (5); la Mauritania Cesariense, Numidia y África (6); el Nilo y Egipto (7); Oriente Medio (8); Asia (9); y uno del mundo entero según Pomponio Mela (10).

En cuanto a las notas, podríamos clasificarlas en tres grupos: las que sirven para identifi¬car los lugares citados con los actuales -indispensables-; las que sirven para identificar personajes o acontecimientos; y las bibliográficas, sobre crítica textual o de fuen¬tes. En su conjunto, el aparato de notas es muy completo, útil y puede sa¬tisfacer a todo tipo de lector. Interesantes resultan especialmente aquellas en las que se relacionan los lugares citados por el autor con personajes o hechos co¬nocidos de la Antigüedad, como cuando por ejemplo, al hablar del río Termo¬donte en la Capadocia, se nos recuerda que, según la mitología, se creía que sus márgenes estaban habitadas por las amazonas (VI, [4], 10, n. 39). En este aparato de notas se comenta bastante ampliamente el texto y son constantes las referencias a otros autores. Al comienzo de cada libro incluyen los traductores una nota bibliográfica, bastante completa en el caso del libro VI, en la que se recogen las obras utilizadas para la localización de los topónimos.

Aunque, como ya he dicho, la bibliografía está recogida en las notas y no es frecuente encontrar un capítulo bibliográfico en cada uno de los volúmenes de una misma obra, habría sido desde luego muy útil para que el lector pudiera consultarla incluir una lista con los trabajos más importantes relacionados con estos libros, bien al final del volumen, bien divididos por libro.

El criterio elegido, ecléctico según el traductor del libro III (p. 8, n. 1), para el uso de topónimos parece acertado, ya que de esta manera se mantiene lo más posible la terminología original, siempre que no dificulte la comprensión y la identificación de los lugares en cuestión. Parece que este criterio es también seguido en los demás libros, aunque no se especifica.

Sólo nos queda esperar que el próximo volumen no se demore tanto como este segundo para poder tener pronto en nuestras bibliotecas la traduc¬ción caste¬llana completa de una obra tan importante e interesante como la His¬toria natural de Plinio.

Mª DEL MAR PÉREZ MORILLO
BOLETÍN Nº 10, junio 1998


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